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Hoy me gustaría compartir con todos vosotros algunos fragmentos de mi pregón para la Virgen de la Sierra de Sevilla de 2024. Denominado «Camino a la Sierra».
Pregón de Mateo Olaya Marín para la Virgen de la Sierra de Sevilla de 2024
(…) del capítulo “Ahora…”
Ahora que cayó el tambor y plegó la bandera. Que se guardaron en el corazón las carreras en tu busca y al desaparecer sus cuatro colores por los rincones de la sorpresa, nuestro ánimo pareciera que decayera. Ahora que no hay niños que estiran la mano para acariciarla, y en la iglesia mayor no hay padres que con ellos al velario van para encender una vela por los que más cerca necesitan sentir el azul de tu mirada.
Ahora que allí el pueblo te extraña, aunque desde el risco de la subbética en la vida nos acompañas, existe un lugar, que es aquí, donde el egabrense puede hacer de los oscuros días, un refugio de paz y remanso, para sentir de cerca a su patrona y hacer que el sendero de la vida sea más claro; un lugar que abre la puerta, donde espera la Virgen de la Sierra para ofrecer su amparo.
Aquí, cuando en octubre Sevilla abre su devocionario y barrio a barrio se entrega con sus manos y palabras al rezo del rosario. Desde San Vicente hasta Triana, pasando por esta plaza, se perfuma el aire con incensarios, la Madre de Dios sale a nuestro encuentro sosteniendo entre sus manos a quien vive en el sagrario.
Sevilla te tiene, te espera, que en esta iglesia que cobija las almas de ti enamoradas, está la esperanza de tu mirada, el eco de la sierra en San Roque enclavada. Creo que no hay cosa más bonita, si viniendo de Cabra y entrando por la puerta encontramos tu bandera de colores triangulada, para que sintamos con inmenso orgullo que no hay más ilusión que ser de tu pueblo, sobre el que extiendes tu manto para mayor protección.
Si de repente la esperanza aflora, se disipa la noche y amanece, si entre estas paredes la luz en nuestras almas florece, es porque estás aquí, en tus andas reluciendo, y la gloria viene vestida de tu aurora. Si el egabrense se siente como propio en Sevilla, es porque sabe que en esta iglesia tiene su Virgen una capilla.
Si octubre trae en el calendario nuestra suerte,
es porque viene con la gracia
y la dicha de poder verte.
Si el corazón se sale de nuestro pecho en esta hora,
es porque sueña con tenerte presente sin más demora.
Ya sea cuando lo anuncia desde la Asunción la campana,
ya sea cuando lo dicte este barrio con su luz sevillana,
no hay mayor gozo ni mejor lugar que estar junto a la Divina Serrana,
y sentirnos egabrenses en Sevilla y sevillanos en Cabra
al ver tu cara un domingo de octubre por la mañana.
(…) del capítulo “Sevilla”
La ciudad que en octubre, enciende el rosario que alumbra en esta iglesia la gloria serrana y sencilla. La ciudad que encierra los secretos de aquellos emigrantes, que quisieron que entre estas columnas su amor a María se construyera con sudores en esta capilla. La ciudad donde llega el olor de la jara entre los cuatro colores de la medalla, que trae el cielo de la tierra donde brilla. La ciudad que acoge el olor de nuestra sierra por donde baja el agua clara que nace en los manantiales de la villa. La ciudad que huele a la plata de tu templete, a los jazmines que te ofrecen y a la flor del romero que recitan las letrillas. Huele a los campos de tu reino, a las cuestas donde los devotos cumplen sus promesas y a la tierra donde tus hijos se arrodillan.
La ciudad que huele al nardo que desde Cabra perfuma esta orilla …
… Y se llama … Sevilla.
Pregón de Mateo Olaya a la Virgen de la Sierra de Sierra 2024
(…) del capítulo “Peregrinos de María”
Peregrinos de María
que trazan un puente desde Sevilla hasta Cabra
para llegar a la fuente
de su presencia, desde la lejanía.
Por las sendas oscuras de la noche
con paso firme y siempre de frente,
atraviesan páramos y campos
con fe, sudor y tesón
los peregrinos que llevan a María en el corazón.
Con la Virgen de la Sierra en los labios
piden posada en cada pueblo que los reciben,
donde las puertas se les abren
porque llegan en nombre de la Virgen.
Estampa, bastón, cordón y medalla,
una espalda donde descansa agua y comida
son el único equipaje de estos devotos
que recogen las promesas y las cruces
de los que más ayuda necesitan en esta vida.
Siete días de camino, con olivares como testigos,
vencen al sueño y al cansancio,
al dolor y el rigor del estío,
estos peregrinos de la Virgen que en el horizonte
ya adivinan las luces de la casita blanca que corona el monte.
Han sembrado la semilla de tu nombre
en cada rincón por donde descansaron y durmieron.
Son embajadores de una devoción
cuyo altar en la loma hace siglos construyeron,
los hijos de Cabra para que tuvieras tu trono y asiento.
Traen en sus caras los destellos
de amaneceres templados que estrenan el día,
donde cada zancada que a la sierra les acerca
es un rezo y es un credo,
un rosario y un ave maría.
Agarrados de la mano a tu bandera
cruzan los campos entre lunas y estrellas
para postrarse ante tu altar
que es el cielo en la tierra,
soberana Virgen de la Sierra.
(…) del Capítulo “Venimos”
Somos de las coplas que son el himno de nuestras calles, de los versos de Juan Soca en el himno de la bandera, de las mudanza con vestigios de verdiales, de las dianas con “Despierta Sierrita” en el pasacalles, de La Oración a María, de los himnos de la Coronación y las Romerías, que cantamos con el alma y el corazón para ofrecértelos en tus altares.
Somos de un amanecer de octubre, cuando un pueblo entero con sus gracias en los labios se despide y vuelves a tu santuario envuelta en la nostalgia de la partida. Del aire fresco de la aurora que anuncia el viaje de vuelta a tu hogar de la sierra. Somos del silencio del camino por donde se oyen los primeros rumores de la subida. De las pisadas firmes de los peregrinos que te acompañan y de los cordeles que con ahínco empujan; de la mano en el hombro, del brazo en la cintura del otro cuando tus costaleros se entregan con todo lo que llevan y entre quereres, vivas, relevos y almohadillas, suben los hijos en el nombre de la Madre para devolverla a su casa envueltos en sudores y lágrimas que se escapan por sus mejillas.
Somos del agua que nos dan en el camino, de la fotografía de recuerdo con nuestros amigos y de la mano tendida al peregrino. Somos de esa medalla en el pecho que pende de un cordón con los cuatro colores, por la que te llevamos en el corazón, ya que tú nos llevas en el tuyo. Somos de nuestros mayores que nos dieron a Ti como mejor herencia, que siguen vivos en tus ojos y que recordamos con gran orgullo.
Somos de allí donde las paradas en el camino se bautizan con nombres que llevan sugerido el eco de tu andas. De la Viñuela donde me quité el sombrero (ya lo dice la canción), de la cuesta de las promesas que unos pies descalzos desandan, de los colchones donde la sed se sacia; somos de la casilla La Salve, sevillanas a ti te cantan; y de Góngora, cuando la tarde en Cabra se dibuja en el rayo de luz que se ofrece a tu cara.
De todo esto somos y de todo lo que es imposible decir, y así lo llevaremos hasta el final de nuestros días, porque el día que no estemos en la tierra, queremos ser, Madre, una garganta más de ese coro del cielo que cuando su pueblo cante, diga al unísono con las coplas en tu honor: ¡Madre Amada de la Sierra, no nos niegues tu favor!
(…) del Capítulo “Epílogo”
Hoy, en esta capilla, donde el fuego de tu nombre sigue alumbrando nuestras vidas y en la ciudad cada calle es una cuenta del rosario, quiero pedirte que los cirios a tus pies sean luz y vida para los que sufren la cruz de una enfermedad donde toda salida parece que está perdida.
Quiero pedirte que levantes a los caídos, y a tu lado hazles un sitio a los pobres y desvalidos. Que tu nombre siga siendo pan para los hambrientos; y para los que sin tu lumbre tienen frío, recógelos con tu manto que no sientan el vacío.
Hoy, en este día de octubre, yo proclamo que hoy y por los siglos de los siglos, todas las generaciones, las de mañana y las que han existido, sigan cantando tu grandeza; que en tu vientre de joven muchacha se hizo carne el Dios hijo y que, por tu pureza, diste a luz al Evangelio vivo.
Hoy, en esta capilla donde presides reina y sencilla, nos encomendamos a tu voluntad, así sea en tu sierra como en tu casa de Sevilla. Y venimos todos a entregar a tu vera, nuestras alegrías y tristezas, bajo el amparo de tu belleza en este otoño que contigo es primavera.
Hoy, en este relicario que contiene tu imagen, venimos a dejar ante Ti todo lo que hemos vivido, nuestros afanes e ilusiones, todo lo que somos y hemos sido, y junto a tu corona, flores y resplandores, nuestra historia, el camino que hemos tenido.
Y hoy, en esta iglesia, ante tu altar que saldrá a la calle; aquí, con mi pueblo y mis hermanos, todos hijos tuyos en este hermoso valle, y ante tus ojos puros, tus manos de madre, y ante el niño que sostienes en tu regazo, el hijo del Padre, te ruego, como lo hace la cera fundida que a tus pies mañana habrá de alumbrarte, que nos des favor, salud y vida, para que al cabo del tiempo cuando llegue septiembre y renazca la gloria de tenerte, podamos otra vez decir: Virgen de la Sierra, ¡qué suerte!, que otro año más, gracias a Ti, vuelvo a verte.
MUCHAS GRACIAS. ¡VIVA LA VIRGEN DE LA SIERRA!
Pregón de Mateo Olaya Marín para la Virgen de la Sierra de Sevilla de 2024.

