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No seré yo el más devoto, ni el hermano más antiguo, ni el capuchón silente que en fuga de paciencia aguanta estoico un Sábado Santo de sol y toros. Ni soy el que te reza cada día a través de la cancela de tu Iglesia, ni siquiera estoy en tu nómina de hermanos.
Pero soy cautivo sempiterno de tus lágrimas, de tus manos entrelazadas, de tu mirada perdida buscándonos cada día, cada única y tradicional mañana romántica de nuestra Semana Santa. Tu mirada lleva entre nosotros más de tres siglos, aunque tu advocación pronto cumplirá 450 años, cuando las manos irremplazables del granadino Pedro de Mena y Medrano, dejaron su impronta en la más bella Soledad de Andalucía.
Una corona de perlas
Ya lo he reivindicado en varias ocasiones y lo seguiré haciendo. El mejor regalo que te pueden hacer tus hijos es verte coronada canónicamente en 2029. Pero no tus hermanos, no, el pueblo de Cabra, el que desde tu leve atalaya gobiernas durante los doce meses del año. Hay que convertir en luz y gozo tu luto permanente, tus dolores, tu corazón de puñales atravesado por el sinsentido de esta sociedad que no deja de clavarte puñales en noches desesperadas y vidas abocadas al fracaso.
Una corona de perlas
¿Para cuándo la próxima coronación canónica en Cabra? ¿Por qué no la Virgen de la Soledad?
¿Por qué no se acepta la posibilidad en el Obispado de que se inicien los trámites para coronar canónicamente a la Soledad? ¿Por qué no se deja avanzar a los diferentes hermanos mayores que lo han solicitado desde la más estricta discreción y humildad?
Puede ser, que debamos demostrar más devoción y arraigo hacia Ella. También mostrar, aún más, nuestro sentir cristiano, católico y cofrade hacia la Virgen dolorosa de los egabrenses. Ella está, ha estado siempre, desde tiempo inmemorial, desde el siglo XVI.
Por su Cofradía han pasado generaciones y más generaciones, desde gentes del campo a la mayor aristocracia, desde mujeres a hombres, desde niños a mayores. Desde infinidad de sacerdotes que han cantado su nombre, desde sus miles de hermanos a lo largo de los siglos, desde el romanticismo a la nostalgia. Ha permanecido en pie durante todas las guerras, desde el siglo en el que se fundó su Archicofradía. Hasta la Reina Isabel II firmó una cédula haciéndola real en el siglo XIX, antes de que la destronaran en aquella llamada revolución gloriosa.
Ha visto amaneceres y atardeceres para coleccionar una regeneración de nuestra alegría. Hasta le arrebataron el nombre de su iglesia en lo oficial, pero no en el corazón de sus devotos, aunque el vulgo cotidiano de todos los días, la sigue y seguirá llamando Iglesia de la Soledad. Miles de almas han iniciado su camino al cielo a sus plantas, mientras Ella de luto e impertérrita miraba el dolor interior, sirviendo de consuelo a los que angustiados veían en su inconfundible rostro su yo vacío por el dolor. Ha vivido revoluciones, monarquías, repúblicas, dictadura y democracia, ha visto nacer la libertad y la ha visto morir por el mismo motivo.
La Soledad de Cabra es todo lo que somos
La Soledad de Cabra es todo lo que somos, lo que fuimos y lo que seremos. Y por ello, su archicofradía, en primer lugar, y el pueblo, en segundo lugar, debe agradecer todas sus gracias derramadas y aspirar con todas sus fuerzas para que en 2029 se le coloque a la Virgen una corona de perlas en las sienes.
Una corona cincelada con el aliento de la primavera, con el cielo azul de Cabra una mañana de Sábado Santo, con el verde esperanza de la arboleda del paseo, con las páginas del libro de Valera, con los sonetos de Pedro Iglesias, con la música de sus plegarias, con los poemas de Montero Galvache, Paco Carmona o los hermanos Muriel y los Delgado, con el delantal de mi abuela «chiquita» Carmen que tantos gastos sirvió en casa de «los Muriel». Con la devoción y el mecenazgo de Amparo Luque, con las manos espirituales de las agustinas, con la mirada fija y misericordiosa de la Virgen de la Sierra y del Rocío, en una jornada magna.
Una corona de esplendores, de dolor y gozo, de sangre y amor, de vida y dulzura, de esperanza nuestra por los siglos de los siglos. Una corona por todos aquellos que se fueron, por aquellos que buscaron sus manos en medio de la tempestad, por todos los que hicieron posible llegar a una fecha tan emblemática como los 450 años.
Una corona de perlas para la «patrona de la primavera», una corona de perlas donde queden reflejadas las almas de todos aquellos que se fueron buscando el paraíso de su mirada.
