San Simón el Zelote: la intrigante historia del apóstol más desconocido, celebrado cada 28 de octubre

7 Ago, 2026

Cada 28 de octubre, la Iglesia católica celebra conjuntamente a San Simón el Zelote y a San Judas Tadeo, dos de los doce apóstoles de Jesús cuya festividad comparten desde la antigüedad. De todos los miembros del colegio apostólico, San Simón el Zelote es, con diferencia, aquel del que menos información ha conservado la tradición cristiana: ni siquiera el gran teólogo san Jerónimo llegó a dedicarle una sola línea en su obra sobre los varones ilustres del cristianismo. Y, sin embargo, el poco que sabemos de él resulta fascinante, empezando por el propio sobrenombre que lo acompaña. Repasamos su historia con datos contrastados por los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles y la tradición cristiana posterior.

¿Quién fue San Simón el Zelote?

Simón aparece mencionado en las cuatro listas de los doce apóstoles recogidas en los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, y en los Hechos de los Apóstoles, ocupando siempre el décimo u undécimo lugar, justo antes de Judas Iscariote. Más allá de estas menciones formales, ningún pasaje evangélico le atribuye palabras propias ni protagoniza episodio alguno de forma individual, algo que lo distingue de casi todos sus compañeros apostólicos.

Se le llama "el Zelote" o, según los evangelistas, también "el Cananeo", dos apelativos que en realidad significan lo mismo, aunque proceden de idiomas distintos: mientras Mateo y Marcos utilizan el término arameo cananeo o cananita, derivado de la raíz hebrea qana, Lucas lo traduce directamente al griego como zelotés. Ambas palabras significan literalmente "el celoso" o "el fervoroso", y no tienen relación alguna con la región de Canaán ni con la localidad de Caná de Galilea, una confusión frecuente entre quienes desconocen el origen lingüístico del término.

Apóstol Simón "El Zelote"

Un debate histórico: ¿perteneció Simón al partido de los zelotes?

Precisamente por este sobrenombre, ha existido durante siglos un intenso debate académico sobre su significado exacto. Los zelotes eran, en tiempos de Jesús, un movimiento judío de carácter nacionalista y religioso que se oponía con firmeza, en ocasiones de forma violenta, a la ocupación romana de Judea, y que décadas más tarde tendría un papel destacado en la revuelta judía que terminaría con la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70.

Algunos estudiosos consideran que el sobrenombre de Simón podría reflejar una pertenencia real a este movimiento político-religioso antes de convertirse en discípulo de Jesús. El papa Benedicto XVI, sin embargo, se mostró partidario de una interpretación más prudente durante una catequesis dedicada a los apóstoles, señalando que el término probablemente hacía referencia únicamente a su celo religioso y a su observancia estricta de la Ley judía, sin que ello implique necesariamente una militancia política en el sentido moderno del término, ya que el movimiento zelote como tal se consolidó con fuerza en las décadas posteriores.

Lo que sí resulta significativo es la propia composición del grupo apostólico: si Simón hubiera pertenecido efectivamente a los zelotes, habría convivido durante años, dentro del mismo círculo cercano a Jesús, con Mateo, antiguo recaudador de impuestos al servicio de Roma, es decir, precisamente el tipo de colaborador del poder romano al que los zelotes más se oponían. Este contraste ha sido interpretado tradicionalmente como un ejemplo temprano de la capacidad de Jesús para reunir, en torno a un mismo proyecto, a personas de trasfondos y sensibilidades opuestas.

Presencia discreta en los Evangelios

Aunque no protagoniza ningún episodio propio, Simón estuvo presente, como el resto de los Doce, en los principales acontecimientos del ministerio público de Jesús: sus milagros, sus enseñanzas, la Última Cena, la Pasión y la Resurrección. Los Hechos de los Apóstoles lo sitúan también en el cenáculo de Jerusalén junto a los demás apóstoles y la Virgen María, en oración, en los días previos a Pentecostés, cuando recibió al Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego junto a sus compañeros.

La predicación de Simón: entre Egipto y Persia

A partir de aquí, la información disponible procede exclusivamente de la tradición y de fuentes cristianas posteriores, sin el respaldo directo del texto bíblico. La tradición occidental, recogida entre otros por el obispo san Fortunato de Poitiers en el siglo VI, sitúa a Simón predicando primero en Egipto y el norte de África, hasta la región de Cartago, para dirigirse después a Persia, donde se habría reunido con Judas Tadeo para continuar juntos la evangelización de Mesopotamia.

La tradición oriental, en cambio, ofrece una versión distinta y más apacible, según la cual Simón habría muerto de forma natural en la ciudad de Edesa, en la actual Turquía, sin sufrir martirio. Otras tradiciones, mucho más minoritarias y con escaso respaldo histórico, lo sitúan incluso en lugares tan alejados como Britania o el Cáucaso, prueba de la enorme dispersión que alcanzaron las leyendas sobre los apóstoles a medida que el cristianismo se expandía por regiones cada vez más lejanas.

El martirio de San Simón

La tradición mayoritaria, recogida en los apócrifos Hechos de Simón y Judas, sostiene que ambos apóstoles fueron martirizados juntos en Persia hacia el año 65, tras protagonizar una intensa labor evangelizadora que provocó numerosas conversiones entre la población local, lo que despertó la hostilidad de los sacerdotes paganos de la región.

Sobre el propio Simón existe un detalle especialmente llamativo: según esta misma tradición, habría sido martirizado siendo aserrado por la mitad con una sierra de leñador, un suplicio extremo que, con el paso de los siglos, se convirtió en su atributo iconográfico más característico. Precisamente por este motivo, en el arte sacro se le suele representar sosteniendo una sierra, y esa misma tradición ha llevado a considerarlo patrón de leñadores, canteros y curtidores, oficios relacionados con el uso de herramientas de corte.

Atributos de Simón "El zelote"

El destino de sus reliquias

Según la tradición, los restos de Simón fueron trasladados junto a los de Judas Tadeo hasta Roma, donde ambos apóstoles comparten sepultura hasta la actualidad en la Basílica de San Pedro del Vaticano, bajo el altar dedicado a San José, en el crucero izquierdo del templo. Esta sepultura compartida es, precisamente, uno de los motivos por los que la Iglesia celebra conjuntamente su memoria cada 28 de octubre, honrando a dos apóstoles cuya predicación, según la tradición, estuvo también unida en sus últimos años de vida.

El apóstol del que menos sabemos, pero no el menos importante

La escasez de información sobre San Simón el Zelote no debe confundirse con una menor importancia dentro del grupo apostólico. Su presencia constante junto a Jesús, su testimonio silencioso a lo largo de todo el ministerio público del Maestro y su entrega final hasta el martirio lo sitúan, igual que al resto de los Doce, entre los cimientos sobre los que se construyó la Iglesia primitiva. Su historia, envuelta en tradiciones diversas y en ocasiones contradictorias entre Oriente y Occidente, recuerda además que no toda huella dejada en la historia necesita de grandes discursos: a veces basta con una presencia fiel y constante, sostenida hasta el final.

Directora y redactora de Cuaresma Egabrense. MAC fotografía. Ambientóloga y responsable de marketing.