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El origen de la urna de plata del Santo Sepulcro de Cabra
Dos siglos y medio hace que en Cabra tuvo lugar la consecución de uno de los proyectos más ambiciosos del patrimonio cofrade de nuestra ciudad. La Semana Santa de mediados del siglo XVIII era muy diferente a lo que conocemos hoy en practicamente todos los sentidos. La gran Archicofradía de Jesús Nazareno alcanzaba un poder de influencia en todos los sentidos y capas de la sociedad egabrense que le permitía ejercer su poder no sólo en la propia Semana Santa si no en la propia vida del convento de San Martín. La portentosa Imagen Titular de la Cofradía, Nuestro Padre Jesús Nazareno, era la columna vertebral de la corporación junto a la Virgen de los Dolores y por supuesto al Santo Entierro. Pero aquello no era suficiente para un hombre que lideró y no con pocas dificultades, la creación de la extraordinaria, única e inigualable urna de plata que alberga al Cristo Yacente que conocemos en la actualidad.Una urna de origen cordobés
El nombre de Francisco de Paula Mazuelo Valenzuela y Fajardo siendo Hermano Mayor, decidió poner todos los recursos a su disposición para encargar a los mejores joyeros y orfebres del momento en Córdoba, la elaboración de la urna de plata del Santo Entierro de Cristo. Basándose en el anterior diseño de Juan Sánchez Tejero, de la primitiva urna, que podemos contemplar hoy en la Iglesia de la Soledad, se decidió crear un monumento del arte y de la orfebrería en plata que tantos y buenos artesanos dió en nuestra tierra. Aunque el pueblo siempre ha creíado que la urna en totalidad es obra de Bernabé de Oviedo y Pimentel o de su taller, las investigaciones y algunos datos como la firma con punzón en la propia urna hacen pensar que intervieron otros artistas en la creación de este monumento. Los nombres de Matías Llorente, Tomás Gonzalo de Alcántara o Rafael Tenllado (1873) nos cuentan, en diferentes épocas, que pudieron ser varios los artífices de la obra que vemos hoy. Lo que si tenemos claro es que procesionó por primera vez en 1772-73 y que albergó en días previos a la celebración de la Semana Santa al Cristo Yacente que conocemos en la actualidad.
