Santo Tomás Apóstol: la conmovedora historia del «incrédulo» que se celebra cada 3 de julio

2 Ago, 2026

Cada 3 de julio, la Iglesia católica celebra a Santo Tomás, uno de los doce apóstoles de Jesús y, probablemente, el discípulo cuya historia resulta más cercana a la experiencia humana: la de alguien que necesitó comprobar por sí mismo lo que le costaba creer. Conocido popularmente como "Tomás el incrédulo", su figura ha quedado asociada durante siglos a la duda, aunque su historia completa —de misionero en Persia e India, fundador de comunidades cristianas que perduran hoy— va mucho más allá de ese episodio. Repasamos su vida con datos contrastados por los Evangelios y la tradición cristiana.

¿Quién fue Santo Tomás?

Sobre los orígenes de Tomás se conoce relativamente poco. Probablemente nació en Galilea, en el seno de una familia humilde, aunque a diferencia de otros apóstoles como Pedro, Andrés, Santiago o Juan, no hay indicios claros de que se dedicara a la pesca. Era judío, y su nombre, de raíz siria y aramea, significa literalmente "mellizo" o "gemelo". Por ese motivo, en los Evangelios aparece también identificado con el nombre griego equivalente, Dídimo, que tiene el mismo significado.

Aparece mencionado en las listas de los Doce recogidas en los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, así como en los Hechos de los Apóstoles, aunque es de nuevo el Evangelio de Juan el que ofrece la información más rica sobre su personalidad, a través de tres episodios muy concretos.

Santo Tomás

"Vayamos también nosotros a morir con él": la valentía de Tomás

El primer episodio en el que destaca Tomás tiene lugar cuando Jesús anuncia su intención de regresar a Judea para acudir junto a su amigo Lázaro, recién fallecido, a pesar de que allí los judíos habían intentado apedrearlo poco antes. Ante el temor evidente del resto de los discípulos, es Tomás quien pronuncia una de las frases más valientes del grupo apostólico, animando a los demás a ir con Jesús aunque eso significara morir junto a él.

Este pasaje resulta especialmente revelador porque contradice la imagen simplificada de Tomás como alguien débil en la fe: se trata, más bien, de un hombre dispuesto a jugarse la vida por fidelidad a Jesús, aunque después necesitara certezas más concretas para creer en su Resurrección.

"Señor, no sabemos a dónde vas": la pregunta durante la Última Cena

El segundo episodio se sitúa durante el discurso de despedida de Jesús en la Última Cena. Cuando Jesús afirma que se dirige a preparar un lugar para sus discípulos y que ellos ya conocen el camino, es Tomás quien interviene con una pregunta directa, admitiendo que no saben adónde va y, por tanto, tampoco pueden conocer el camino. Esta pregunta da pie a una de las afirmaciones más citadas del Evangelio de Juan, en la que Jesús se presenta a sí mismo como el camino, la verdad y la vida.

El episodio que le dio su apodo: la duda ante la Resurrección

El tercer y más conocido episodio es el que ha marcado la memoria popular de Tomás durante casi dos mil años. Según el Evangelio de Juan, Tomás no se encontraba presente la primera vez que Jesús resucitado se apareció a los demás apóstoles reunidos. Al conocer la noticia por boca de sus compañeros, se mostró incrédulo y afirmó que no creería si no veía en las manos de Jesús la señal de los clavos y no metía su dedo en su costado.

Ocho días después, Jesús volvió a aparecerse, esta vez con Tomás presente, y lo invitó directamente a comprobar sus heridas. Tomás respondió entonces con una de las profesiones de fe más rotundas de todo el Nuevo Testamento: "¡Señor mío y Dios mío!". Jesús le respondió con una reflexión que trascendería su propio tiempo, señalando que quienes creen sin haber visto son también dichosos, una frase dirigida a todas las generaciones posteriores de creyentes que no tendrían la oportunidad de un encuentro físico como el suyo.

Este pasaje inspiró siglos después una de las obras maestras de Caravaggio, "La incredulidad de Santo Tomás", que representa con crudeza el momento en que el apóstol introduce su dedo en la herida del costado de Jesús.

La misión de Santo Tomás en Persia y la India

Tras Pentecostés, la tradición cristiana —respaldada por testimonios antiguos como los de san Efrén, san Jerónimo y el historiador Eusebio de Cesarea— sitúa a Tomás predicando primero en la región de Partia, en el actual Irán, y después en la costa suroccidental de la India, en la región de Kerala. Allí, según esta tradición, fundó comunidades cristianas que se conocen hasta hoy como los cristianos de Santo Tomás, una de las comunidades cristianas más antiguas del mundo fuera de Oriente Próximo, y que continúan existiendo en la actualidad.

Algunas versiones de la tradición sitúan también a Tomás bautizando y consagrando obispos a los Reyes Magos durante su misión en Oriente, aunque este episodio pertenece a relatos de carácter más legendario que histórico.

El martirio de Santo Tomás

Según la tradición más extendida, Tomás fue martirizado en la India hacia el año 72, alanceado por orden del rey local Misdeo (también llamado Misdai o Mazdai en distintas fuentes), después de que su predicación hubiera provocado numerosas conversiones, incluidas algunas dentro de la propia corte real. Este episodio dio origen a su patronazgo sobre arquitectos, albañiles y canteros, ya que, según un relato apócrifo posterior, Tomás se habría hecho pasar por arquitecto para poder acceder a la corte de otro rey indio, Gundafor, antes de dedicarse por completo a la evangelización.

El viaje de las reliquias de Santo Tomás

De acuerdo con la tradición, los restos de Santo Tomás fueron trasladados desde la India hasta la ciudad de Edesa, en la actual Turquía, un episodio que con el tiempo motivó el traslado de su festividad al 3 de julio, fecha que recuerda precisamente esa translación de sus reliquias. Posteriormente, en 1258, parte de ellas fueron llevadas a Ortona, en la región italiana de Abruzzo, donde se conservan en la actualidad en la iglesia dedicada a su nombre.

Una tradición curiosa en la historia de México

Una curiosidad poco conocida sobre Santo Tomás procede de la Nueva España: en el siglo XVII, el matemático e historiador mexicano Carlos de Sigüenza y Góngora defendió la teoría de que el apóstol había predicado también en tierras americanas, y que el recuerdo de su figura se habría transformado, entre los pueblos prehispánicos, en la del dios Quetzalcóatl. Se trata de una hipótesis histórica minoritaria y sin respaldo académico sólido, pero que refleja hasta qué punto la figura de Tomás despertó interés y devoción mucho más allá de sus fronteras originales.

Patronazgos de Santo Tomás

Además de arquitectos, albañiles y canteros, Santo Tomás es considerado patrono de geómetras y teólogos, y es venerado de forma especialmente intensa como patrono de los cristianos de la India, donde el 3 de julio se celebra como el Día de los Cristianos Indios. El nombre "Tomás" sigue siendo, hoy en día, especialmente popular entre los cristianos del subcontinente indio, herederos directos de la comunidad que él mismo fundó.

De la duda a la certeza: un mensaje que sigue vigente

La historia de Santo Tomás sigue resultando profundamente actual precisamente porque no oculta su duda, sino que la convierte en el punto de partida de una de las profesiones de fe más intensas de todo el Nuevo Testamento. Su recorrido, desde el escepticismo inicial hasta la entrega total como misionero en tierras lejanas, recuerda que la fe no está reñida con las preguntas honestas, y que precisamente de ellas puede nacer una convicción más profunda. Esa es, cada 3 de julio, la herencia que sigue dejando el apóstol Santo Tomás conocido como "el incrédulo".

Directora y redactora de Cuaresma Egabrense. MAC fotografía. Ambientóloga y responsable de marketing.