Cada 21 de septiembre la Iglesia católica celebra a San Mateo, uno de los doce apóstoles de Jesús y autor tradicional del primer Evangelio del Nuevo Testamento. Su historia es una de las más singulares entre los Doce: pasó de ser un hombre despreciado por su propio pueblo a convertirse en uno de los pilares de la Iglesia primitiva y en uno de los cuatro evangelistas. Repasamos su vida, su llamada y su legado.
¿Quién fue San Mateo?
San Mateo nació en el siglo I en Judea y vivió en Cafarnaún, a orillas del lago de Galilea. Era hijo de Alfeo y, antes de conocer a Jesús, se ganaba la vida como publicano, es decir, como recaudador de impuestos al servicio del Imperio romano, concretamente para Herodes Antipas, tetrarca de Galilea. Su trabajo consistía en cobrar tasas y peajes a los pasajeros y mercancías que circulaban junto al lago.
En los Evangelios de Marcos y Lucas aparece con el nombre de Leví, y son varios los estudiosos que sostienen que ese era en realidad su nombre original, y que Mateo —que en arameo significa "don de Dios"— fue el nombre que adoptó tras su encuentro con Jesús, de forma similar a como Simón pasó a llamarse Pedro o Saulo se convirtió en Pablo.

El oficio más odiado de Judea
Para entender el alcance de su conversión hay que comprender el desprecio que generaban los publicanos en la sociedad judía del siglo I. Manejar dinero romano se consideraba un acto casi impuro, y quienes recaudaban impuestos para Roma eran vistos como colaboradores del poder ocupante y, con frecuencia, como estafadores que se enriquecían a costa de su propio pueblo. Los publicanos eran excluidos de la vida religiosa y social: no podían participar en actos de culto ni ser testigos en juicios, y se les agrupaba socialmente junto a los "pecadores públicos".
Fue precisamente en ese contexto de rechazo donde Jesús decidió llamar a Mateo.
La llamada de Jesús: "Sígueme"
El propio Evangelio de Mateo narra el episodio de su vocación con una sobriedad llamativa. Jesús, al pasar junto al lago, vio a Mateo sentado en su mesa de recaudación y le dijo simplemente: "Sígueme". Sin más palabras, Mateo se levantó y lo siguió, dejando atrás su oficio y su antigua vida (Mt 9, 9).
Poco después, Mateo invitó a Jesús a comer en su propia casa, junto a otros publicanos y personas consideradas pecadoras. Cuando algunos fariseos criticaron a Jesús por compartir mesa con gente de tan mala reputación, él respondió con una de sus frases más conocidas: no son los sanos quienes necesitan médico, sino los enfermos, y que no había venido a llamar a los justos, sino a los pecadores (Mt 9, 9-13).
San Mateo, un apóstol entre los Doce
Tras su llamada, Mateo se convirtió en uno de los doce apóstoles elegidos por Jesús. Aparece mencionado en la lista de los Hechos de los Apóstoles y, curiosamente, cuando el propio Mateo se nombra a sí mismo en su Evangelio, se identifica como "Mateo, el publicano", sin ocultar su pasado. Estuvo presente en los grandes acontecimientos de la vida apostólica: la Última Cena, la Pasión, la Resurrección, la elección de Matías como sustituto de Judas Iscariote y la venida del Espíritu Santo en Pentecostés.
El autor del primer Evangelio
La tradición cristiana atribuye a San Mateo la autoría del Evangelio que lleva su nombre, el primero de los cuatro evangelios canónicos y el que abre el Nuevo Testamento. Según el testimonio de Papías, obispo de Hierápolis, recogido por el historiador Eusebio de Cesarea, Mateo habría recopilado los dichos (logia) de Jesús en lengua hebrea o aramea, un texto que después habría sido traducido al griego. Autores cristianos antiguos como Ireneo de Lyon, Clemente de Alejandría y Jerónimo de Estridón sostuvieron esta misma tradición.
El Evangelio de Mateo está dirigido especialmente a un público judío, y presenta a Jesús como el Mesías que cumple las promesas hechas por Dios al pueblo de Israel a través de sus profetas.
La predicación y el final de su vida
Después de la ascensión de Jesús, San Mateo predicó durante varios años en Judea y territorios cercanos, antes de que los apóstoles se dispersaran por distintas regiones. Según fuentes de tradición posterior, no siempre coincidentes entre sí, continuó su labor evangelizadora entre los partos y los persas, y especialmente en Etiopía, donde vivió también San Bartolomé, quien habría llevado allí una copia de su Evangelio.
Sobre el final de su vida existen versiones distintas: algunas fuentes hablan de martirio, mientras que otros autores antiguos, como Clemente de Alejandría, sostuvieron que murió de forma natural en Etiopía. Sus restos son venerados actualmente en la catedral de Salerno, en Italia.
Patronazgos y representación artística
Por su antiguo oficio de recaudador, San Mateo es considerado patrón de banqueros, contables, aduaneros y de la policía financiera, y suele representarse en el arte con una bolsa de dinero, un libro de cuentas o, siguiendo la tradición de los cuatro evangelistas, junto a la figura de un ángel o un hombre alado. Una de sus representaciones más célebres es "La vocación de San Mateo", del pintor Caravaggio, que recrea precisamente el momento en que Jesús lo llama junto a su mesa de impuestos.
Una historia de conversión que sigue inspirando
La vida de San Mateo es, ante todo, un relato de transformación radical: de ser uno de los hombres más despreciados de su comunidad a convertirse en apóstol y evangelista. Su historia recuerda que ninguna vida está tan alejada de un cambio profundo, y ese mensaje de misericordia y segunda oportunidad sigue siendo, dos mil años después, uno de los motivos por los que su figura continúa despertando devoción cada 21 de septiembre.
