¿Quién fue Zaqueo? ¿Cuál fue su historia?

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Marta Ayllón
28 Jul, 2025

En el corazón de la narrativa evangélica, encontramos figuras que, por su profundo encuentro con Jesús, se convierten en faros de esperanza y conversión. Uno de estos personajes es Zaqueo, un hombre cuya historia de redención resuena con especial significado durante el tiempo de Cuaresma, un período de reflexión y cambio interior que prepara el camino hacia la Semana Santa. La vida de Zaqueo ofrece valiosas lecciones sobre el arrepentimiento, la misericordia y la alegría del perdón.

¿Quién era Zaqueo? El Retrato de un hombre marginado

La historia de Zaqueo, relatada en el Evangelio de Lucas (19, 1-10), nos presenta a un jefe de publicanos de Jericó, un hombre rico, pero socialmente despreciado. Su nombre, de origen hebreo, puede significar «puro» o «inocente», una ironía considerando su oficio. En la Judea del siglo I, los recaudadores de impuestos como Zaqueo trabajaban para el opresor Imperio Romano y eran conocidos por sus prácticas corruptas, enriqueciéndose a costa de su propio pueblo. Esta labor los convertía en traidores y pecadores públicos a los ojos de sus compatriotas.

La descripción bíblica de Zaqueo no solo se centra en su riqueza y su impopularidad, sino también en un detalle físico que se convierte en clave para el desarrollo de la historia: era de baja estatura. Esta característica le impedía ver a Jesús cuando pasaba entre la multitud, un obstáculo que, lejos de disuadirlo, lo impulsó a tomar una acción inusual.

zaqueo

Zaqueo

El Sicómoro

Movido por un intenso deseo de conocer a Jesús, Zaqueo corrió y se subió a un sicómoro, un tipo de higuera, para poder ver al Maestro por encima de la muchedumbre. Este acto, que podría considerarse ridículo para un hombre de su posición social, revela una humildad y una determinación que no pasaron desapercibidas para Cristo. El sicómoro, un árbol robusto y frondoso, se convierte así en el escenario del primer paso de Zaqueo hacia su transformación. En la tradición, se conserva la memoria de este árbol en Jericó, e incluso algunos ejemplares milenarios son venerados como el «árbol de Zaqueo».

Cuando Jesús llegó al lugar, miró hacia arriba y lo llamó por su nombre: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa». La sorpresa debió ser mayúscula, no solo para Zaqueo, sino para todos los presentes que murmuraban contra Jesús por elegir la casa de un pecador.

La Conversión: Un cambio radical de corazón

El encuentro con Jesús provocó un cambio drástico y gozoso en Zaqueo. De pie en su propia casa, declaró públicamente su arrepentimiento: «Mira, Señor: Ahora mismo voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes y, si en algo he defraudado a alguien, le devolveré cuatro veces la cantidad que sea». Esta no era una promesa vacía; la ley mosaica exigía la restitución, pero la generosidad de Zaqueo iba mucho más allá, demostrando una conversión genuina y un desapego total de sus riquezas.

Jesús, al presenciar esta transformación, proclamó: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que este también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido». Con estas palabras, Jesús no solo restauró a Zaqueo ante la comunidad, sino que también reafirmó el propósito central de su misión: la redención de los pecadores.

Zaqueo y su significado 

La historia de Zaqueo es un poderoso recordatorio de los temas centrales de la Cuaresma, un tiempo litúrgico de 40 días que invita a la penitencia, la oración y la caridad. Su relato nos ofrece varias enseñanzas pertinentes para vivir este tiempo de preparación para la Semana Santa en Cabra, una celebración de profunda raigambre cultural y religiosa.

La Búsqueda sincera de Dios: Al igual que Zaqueo superó su limitación física para ver a Jesús, la Cuaresma nos llama a superar nuestras propias barreras —el pecado, la pereza, la indiferencia— para buscar un encuentro personal y auténtico con Cristo.

La Humildad del arrepentimiento: Zaqueo no tuvo miedo de hacer el ridículo al subirse a un árbol. Su humildad fue la puerta de entrada a la gracia. La Cuaresma es un tiempo para reconocer nuestras faltas con humildad y pedir perdón.

La Alegría de la conversión: El encuentro con Jesús llenó a Zaqueo de una inmensa alegría que lo impulsó a un cambio radical de vida. La verdadera conversión no es un camino de tristeza, sino de liberación y gozo, una alegría que se manifiesta en los actos de caridad y justicia.

El Compromiso con el prójimo: La conversión de Zaqueo no se quedó en palabras; se tradujo en un compromiso concreto con los pobres y con aquellos a quienes había perjudicado. La Cuaresma nos exhorta a que nuestra fe se manifieste en obras de misericordia y en una mayor atención a las necesidades de los demás.

La curiosa presencia de Zaqueo en la Semana Santa

En la Semana Santa, la figura de Zaqueo, el recaudador de impuestos de baja estatura que se subió a un árbol para ver a Jesús, adquiere una singular relevancia en la imaginería procesional. Su representación más emblemática se encuentra en el paso de misterio de «la Borriquita», que desfila el Domingo de Ramos. En lo alto de una palmera, se puede observar una pequeña imagen de Zaqueo. Convirtiéndose en una de las imágenes secundarias de los misterios de la Entrada en Jerusalén que más llama la atención. 

Este personaje, cuya historia se narra en el Evangelio de Lucas, simboliza el triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte, y su inclusión en la escena de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén es una particularidad de la Semana Santa. La imagen de Zaqueo en la palmera se ha convertido en un detalle entrañable y buscado por los niños durante la procesión, perpetuando así la memoria de su encuentro redentor con Jesús.

El relato bíblico narra cómo, al pasar por Jericó, Jesús se fija en Zaqueo y se autoinvita a su casa, un gesto que escandalizó a muchos por ser Zaqueo un pecador público. Este encuentro provoca la conversión del recaudador de impuestos, quien promete dar la mitad de sus bienes a los pobres y restituir cuadruplicado a quienes había defraudado. De esta manera, Zaqueo se convierte en un poderoso símbolo de la misericordia de Jesús, que busca y salva lo que estaba perdido, un mensaje central en la liturgia de la Semana Santa. Su figura en el paso procesional recuerda a los fieles la capacidad transformadora de la fe y el arrepentimiento.

Directora y redactora de Cuaresma Egabrense. MAC fotografía. Ambientóloga y responsable de marketing.

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