Santiago el Menor: la extraordinaria historia del apóstol «hermano del Señor», celebrado cada 3 de mayo

4 Ago, 2026

Cada 3 de mayo, la Iglesia católica celebra conjuntamente a Santiago el Menor y a San Felipe, dos de los doce apóstoles de Jesús. Aunque su nombre suele quedar eclipsado por el de su tocayo más conocido, Santiago el Mayor, la figura de Santiago el Menor tiene un peso propio extraordinario en la historia de la Iglesia primitiva: fue primer obispo de Jerusalén, autor de una de las cartas del Nuevo Testamento y una de las llamadas "columnas" de la Iglesia según el propio San Pablo. Repasamos su vida con datos contrastados por los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles y la tradición cristiana.

¿Quién fue Santiago el Menor?

Santiago era hijo de Alfeo (también llamado Cleofás) y de María de Cleofás, y aparece mencionado en noveno lugar en las cuatro listas de los doce apóstoles que recogen los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, y los Hechos de los Apóstoles. Se le conoce como "el Menor" precisamente para distinguirlo del otro apóstol de nombre Santiago, hijo de Zebedeo y hermano de Juan Evangelista, al que la tradición llama "el Mayor". El apelativo "Menor" se atribuye habitualmente a su menor estatura o a que fue llamado después que el otro Santiago, aunque los Evangelios no detallan el motivo exacto.

Tuvo, además, un hermano que también formó parte del grupo apostólico: San Judas Tadeo, quien se presenta a sí mismo al comienzo de su carta del Nuevo Testamento precisamente como "hermano de Santiago", en referencia a él.

El enigma del "hermano del Señor"

Uno de los aspectos más debatidos sobre Santiago el Menor es su identificación con la figura que San Pablo llama, en su carta a los Gálatas, "el hermano del Señor". Este mismo Santiago aparece también en el Evangelio de Marcos como uno de los parientes cercanos de Jesús mencionados por sus vecinos de Nazaret.

La tradición mayoritaria de la Iglesia, defendida ya en el siglo IV por san Jerónimo, sostiene que se trata de la misma persona que el apóstol hijo de Alfeo, y explica esa cercanía familiar por el uso hebreo y arameo del término "hermano" para designar también a primos y otros parientes próximos, un uso lingüístico habitual en la época. Según esta interpretación, defendida también por buena parte de la tradición católica posterior, Santiago habría sido primo de Jesús por parte de María de Cleofás, hermana o pariente cercana de la Virgen María.

Santiago el Menor

Santiago el Menor, Testigo privilegiado de la Resurrección

Además de su presencia en las listas apostólicas, Santiago recibe una mención muy especial en la primera carta de San Pablo a los Corintios, donde el apóstol de los gentiles enumera las apariciones de Jesús resucitado y cita expresamente una aparición personal a Santiago, un privilegio que comparte con muy pocos discípulos y que refuerza la importancia que tuvo su testimonio dentro de la comunidad cristiana primitiva.

Cabeza de la Iglesia de Jerusalén

Tras la ascensión de Jesús y la dispersión de buena parte de los apóstoles por distintas regiones para predicar el Evangelio, Santiago permaneció al frente de la comunidad cristiana de Jerusalén, convirtiéndose en su primer obispo. Los Hechos de los Apóstoles reflejan claramente la autoridad que había alcanzado: cuando Pedro es liberado milagrosamente de la cárcel, pide expresamente que se avise a Santiago del suceso, una señal del peso que su figura tenía dentro de la Iglesia de la ciudad.

Su papel resultó decisivo también en el llamado Concilio de Jerusalén, el primer gran encuentro de la Iglesia primitiva, narrado en el capítulo quince de los Hechos de los Apóstoles, en el que se debatió si los conversos procedentes del paganismo debían cumplir o no la totalidad de la ley judía. Junto a Pedro, Pablo y Bernabé, Santiago tomó la palabra en esa asamblea, y fue precisamente su propuesta final la que orientó la decisión adoptada por la comunidad, una decisión clave para la futura expansión del cristianismo entre los no judíos.

Por esta autoridad reconocida, San Pablo llegó a citar a Santiago El Menor, junto a Pedro y Juan, como una de las tres "columnas" de la Iglesia de Jerusalén en su carta a los Gálatas.

Santiago el Justo: fama de santidad entre judíos y cristianos

La tradición cristiana antigua, recogida por el historiador Hegesipo en el siglo II y transmitida por Eusebio de Cesarea, atribuye a Santiago el Menor una fama de rectitud y austeridad tan extraordinaria que le valió el sobrenombre de "el Justo" incluso entre los propios judíos no cristianos de Jerusalén. Según este mismo testimonio, Santiago llevaba una vida de gran austeridad, se dedicaba de forma casi constante a la oración, y sus rodillas habrían llegado a encallecerse, endureciéndose como las de un camello, debido a las largas horas que pasaba de rodillas suplicando por el perdón del pueblo.

Autor de la Epístola de Santiago

La tradición católica atribuye a Santiago el Menor la autoría de la Epístola de Santiago, una de las llamadas cartas católicas del Nuevo Testamento, dirigida "a las doce tribus que están en la dispersión". Se trata de un texto de fuerte contenido práctico y moral, centrado en la coherencia entre la fe y las obras, en el que se encuentran frases tan conocidas como la que afirma que la fe sin obras está muerta, o la que anima a los creyentes a pedir sabiduría a Dios con confianza.

La carta refleja también una honda preocupación por la justicia social, con duras advertencias dirigidas a los ricos que oprimen a los trabajadores y a quienes hacen distinciones entre pobres y ricos dentro de la propia comunidad.

El martirio de Santiago el Menor

Sobre las circunstancias exactas de su muerte existen dos tradiciones antiguas, no necesariamente contradictorias entre sí. La más detallada, transmitida también por Hegesipo, relata que los escribas y fariseos de Jerusalén, temerosos de la influencia de Santiago sobre el pueblo, lo obligaron a subir al pináculo del templo para que desmintiera públicamente que Jesús fuera el Mesías; sin embargo, Santiago el menor aprovechó la ocasión para proclamar abiertamente su fe en Cristo, lo que provocó que sus adversarios lo arrojaran desde lo alto. Al comprobar que había sobrevivido a la caída, un grupo lo apedreó y finalmente un hombre lo remató con un golpe de garrote en la cabeza.

Una segunda tradición, recogida por el historiador judío Flavio Josefo en sus Antigüedades judías, es más breve y sitúa su muerte hacia el año 62, apedreado por orden del sumo sacerdote Anás, aprovechando un vacío de poder tras la muerte del procurador romano Festo y antes de la llegada de su sucesor. Ambas fuentes coinciden en señalar la lapidación como parte central de su martirio, y en situar su muerte en Jerusalén, la misma ciudad en la que había ejercido durante años su liderazgo.

Reliquias y devoción

Según la tradición, los restos de Santiago el Menor fueron enterrados junto al templo de Jerusalén, y con el tiempo parte de sus reliquias habrían sido trasladadas a Roma, donde se veneran junto a las de San Felipe en la basílica de los Santos Doce Apóstoles, motivo por el cual ambos comparten fecha de celebración cada 3 de mayo.

Atributos de Santiago el Menor

Un apóstol de autoridad discreta pero decisiva

Santiago el Menor no protagoniza en los Evangelios episodios tan narrados como los de Pedro, Juan o Tomás, pero su papel en la historia de la Iglesia primitiva resulta decisivo: fue la cabeza visible de la primera gran comunidad cristiana, artífice de una de las decisiones más importantes de los primeros años del cristianismo en el Concilio de Jerusalén, y autor de una carta que, casi dos mil años después, sigue proponiendo a los creyentes una fe medida en obras concretas. Su testimonio, sellado con el martirio en la propia Jerusalén que había liderado durante décadas, sigue siendo, cada 3 de mayo, motivo de celebración para la Iglesia universal.

Directora y redactora de Cuaresma Egabrense. MAC fotografía. Ambientóloga y responsable de marketing.