San Felipe Apóstol: la fascinante historia del discípulo que pidió ver a Dios, celebrado cada 3 de mayo

1 Ago, 2026

Cada 3 de mayo, la Iglesia católica celebra conjuntamente a San Felipe y a Santiago el Menor, dos de los doce apóstoles de Jesús. San Felipe, aunque menos conocido que Pedro, Santiago o Juan, aparece en varios de los pasajes más significativos del Evangelio de Juan y protagonizó, según la tradición, una intensa labor misionera por Asia Menor que terminaría en martirio. Repasamos su vida, su vocación y su legado con datos contrastados por los Evangelios y la tradición cristiana.

¿Quién fue San Felipe?

San Felipe nació probablemente a comienzos del siglo I en Betsaida, la misma localidad de Galilea de la que procedían también los apóstoles Andrés y Pedro. Era, como ellos, de origen judío, aunque su nombre —que significa "amante de los caballos"— es de raíz griega, algo relativamente habitual entre los judíos de Galilea que convivían con la cultura helenística de la región.

Antes de conocer a Jesús, San Felipe era seguidor de Juan el Bautista, al igual que Andrés. Los tres primeros Evangelios (Mateo, Marcos y Lucas) y los Hechos de los Apóstoles lo incluyen simplemente en la lista de los Doce, sin apenas detalles adicionales. Es el Evangelio de Juan el que ofrece la información más rica sobre su personalidad y su papel entre los discípulos de Jesús.

Apóstol San Felipe

La llamada de Felipe y su encuentro con Natanael

Según el Evangelio de Juan, Jesús encontró a Felipe en Galilea y le dijo simplemente: "Sígueme". Felipe respondió de inmediato a la llamada y, al igual que había hecho antes Andrés con su hermano Pedro, no se guardó el descubrimiento para sí mismo: fue en busca de su amigo Natanael —identificado por buena parte de la tradición cristiana con el apóstol Bartolomé— para anunciarle que habían encontrado a aquel de quien habían escrito Moisés y los profetas, a Jesús de Nazaret, el hijo de José.

Cuando Natanael respondió con escepticismo, preguntándose si de un lugar como Nazaret podía salir algo bueno, Felipe no intentó convencerlo con argumentos: simplemente le invitó a comprobarlo por sí mismo con una respuesta breve y directa, "ven y ve", que terminó llevando a Natanael hasta Jesús y, con ello, a convertirse también en discípulo.

Felipe en los momentos clave del ministerio de Jesús

El Evangelio de Juan sitúa a Felipe en tres episodios especialmente reveladores de su relación con Jesús.

El primero tiene lugar antes del milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Ante la multitud hambrienta, Jesús se dirige directamente a Felipe y le pregunta dónde podrían comprar pan suficiente para alimentar a tanta gente. Felipe responde, de forma práctica, que ni con el salario de varios meses de trabajo alcanzaría para dar a cada uno un pedazo, una respuesta que precede al célebre milagro y que muestra el papel de Felipe como una persona de mentalidad concreta y realista.

El segundo episodio ocurre cuando unos griegos que habían acudido a la fiesta de la Pascua se acercan a Felipe —quizá por su nombre griego— y le piden ver a Jesús. Felipe, junto a Andrés, traslada la petición al maestro.

El tercero, y quizá el más recordado, tiene lugar durante la Última Cena. En medio del discurso de despedida de Jesús, Felipe le pide, con una mezcla de sencillez y anhelo: "Señor, muéstranos al Padre, y nos basta". Jesús le responde con una de las frases más citadas de los Evangelios, recordándole que quien lo ha visto a él ha visto también al Padre, ya que ambos son uno. Esta petición de Felipe ha sido interpretada tradicionalmente como la expresión del deseo humano, compartido por todo creyente, de una experiencia directa y plena de Dios.

Presencia en Pentecostés y primeros años tras la Resurrección

Como el resto de los apóstoles, Felipe estuvo presente en la ascensión de Jesús y recibió al Espíritu Santo el día de Pentecostés. A partir de ese momento, según la tradición, se dedicó a predicar el Evangelio en distintas regiones del Mediterráneo oriental.

La predicación de San Felipe por Asia Menor

La tradición cristiana, apoyada tanto en textos apócrifos como los llamados Hechos de Felipe como en el testimonio de padres de la Iglesia como Policarpo de Éfeso, sitúa la actividad misionera de Felipe en regiones como Frigia, Lidia y Cilicia, en la actual Turquía. Según estas fuentes, Felipe habría llegado a establecerse finalmente en la ciudad de Hierápolis, en Frigia, donde dirigió una comunidad cristiana cercana geográfica y espiritualmente a las siete iglesias de Asia mencionadas en el Apocalipsis de Juan.

Hierápolis era, en la época, una ciudad de fuerte tradición pagana, célebre por sus manantiales termales de supuestas propiedades curativas y por el culto al dios frigio Sabazios, representado con una serpiente. En ese contexto, la predicación cristiana de Felipe habría entrado en conflicto directo con los sacerdotes paganos locales, lo que según la tradición precipitó su martirio.

El martirio de San Felipe

Según el Martirologio romano y diversas fuentes de la tradición cristiana, San Felipe fue crucificado en Hierápolis durante el reinado del emperador Domiciano, hacia finales del siglo I, y enterrado bajo unas piedras cerca de la ciudad, en la región de Escitia. Algunas versiones antiguas añaden que fue crucificado cabeza abajo, un detalle que también se atribuye a otros apóstoles como Pedro.

En 2011, un equipo de arqueólogos italianos anunció el hallazgo, en las ruinas de la antigua Hierápolis —hoy Pamukkale, en Turquía—, de una construcción identificada como la tumba de San Felipe, un descubrimiento que reforzó el interés histórico y arqueológico en torno a la figura del apóstol.

El destino de las reliquias de San Felipe

De acuerdo con la tradición, los restos de Felipe fueron trasladados desde Hierápolis a Constantinopla y, más tarde, a Roma, donde se conservan junto a las reliquias de Santiago el Menor en la basílica de los Santos Doce Apóstoles, un templo dedicado precisamente a ambos santos, cuya festividad conjunta se celebra el mismo día.

Un apóstol vinculado también a la Galia

Una tradición menos conocida, recogida en algunos relatos posteriores sobre los primeros siglos del cristianismo, atribuye a Felipe la singularidad de haber sido el único apóstol vinculado a la evangelización de los antiguos galos, en lo que hoy es Francia, aunque esta tradición cuenta con un respaldo histórico mucho más débil que la relativa a su predicación y martirio en Asia Menor.

Patronazgos y representación artística de San Felipe

San Felipe suele representarse en el arte sacro con una cruz, en ocasiones acompañada de una cesta de panes en referencia al episodio de la multiplicación, o con una serpiente a sus pies, símbolo de su predicación en Hierápolis frente al culto pagano local. Es patrono de diversas localidades y comunidades que llevan su nombre, así como, en algunas tradiciones populares, de los pasteleros y reposteros, en relación con su papel en el episodio evangélico del pan.

Una fe sencilla que sigue interpelando hoy

La figura de San Felipe destaca precisamente por su sencillez: no protagoniza discursos grandilocuentes ni milagros propios en los Evangelios, pero su forma de actuar —llevar a un amigo escéptico ante Jesús con un simple "ven y ve", o pedir con total honestidad ver al Padre— sigue resultando profundamente humana. Su testimonio, sellado con el martirio en Hierápolis, recuerda que la fe cristiana se ha construido, desde sus primeros años, tanto sobre grandes gestos como sobre encuentros personales sencillos y directos.

Directora y redactora de Cuaresma Egabrense. MAC fotografía. Ambientóloga y responsable de marketing.